Autocrítica de "Tránsito"

 

Imagen creada con IA

   Hubo uno que afirmaba haber descubierto el suceso principal de la historia sólo con leer las primeras líneas del texto. Y añadió, además, como razón de su descubrimiento que él había vivido una situación semejante a la que se observaría después, andando páginas en la obra. 

¿Qué pude pensar yo al oír tal declaración? Si aquel fulano intentaba hacerme notar que había cometido el error de adelantar la trama para, a continuación, suavizar aquella advertencia avisándome de su bagaje personal, podría haber creído yo, no obstante, que el error existía. 

Pocos métodos hay en teatro para llamar la atención del público mejores que mostrar con sutileza, pero mosrar, el íntimo suceso de la obra al poco de haberse levantado el telón. Y así ocurre en Tránsito
Por muchos espectadores que se identificaran con EL MELLI, y otras tantas espectoras con LA MELLI —en rigor, muy poco probable—, en esas personas se encendería el invisible foco de búsqueda que su corazón y su cerebro proyectarían sobre el escenario, quizás desde la nostalgia, la tristeza o la alegría. 
Y aquellos otros —la mayoría— que nada personal advirtieran, jamás pensarían en esa aventura como añagaza, porque Tránsito es teatro y, permítaseme decirlo una vez más, el teatro no es sino nuestra vida privada. 


FJPS


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