El librero-editor

 

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   El librero-editor (en adelante "el librero") sonríe casi con picardía.. Actualmente, el librero publica mucho pero vende poco, muy poco. Sin embargo, puede darse el lujo de abrir las puertas de la librería sólo cuando le apetece. Las razones de esta situación mantengámoslas como si fuesen una incógnita; es lo mejor para todos.

Transcripción parcial de la obra de Diego Fabbri La librería del sol (1943)


             NORMANDI------------Librero-editor de "La librería del sol"
 JACINI.........Presidente de la Asociación de Libreros
MOMBELLI........................ Bibliotecario municipal

JACINI. — No sabe cuánto me alegra conocerle. En la ciudad se habla de usted con mucha simpatía, y es famosa su iniciativa de editar autores noveles.

NORMANDI. — Señor Jacini..., es muy modesta mi iniciativa. 

JACINI. — Este es el único sistema de descubrir nuevos valores. [...] Porque usted cree que existen esos valores ocultos, claro está, genios incomprendidos.

NORMANDI. — Creo en la necesidad de alentarles cuando comienzan a nacer, que no sean víctimas de dificultades exteriores.

JACINI. — Pero si sucumben ante esas dificultades, serán que no valen. No me juzgue usted un cínico: yo pienso que un escritor, si lo es de verdad, llega necesariamente a la meta con dificultades o sin ellas. ¿No está usted de acuerdo?

NORMANDI. — No. Al menos no en todo. No es justo que los editores nos crucemos de brazos. 

JACINI. — ¡Oh! Con esas ideas su obra va a ser filantrópica más que literaria. Es un peligro. 

NORMANDI. — Aun así. No me importa ser filántropo. 

MOMBELLI.— ¿Quién puede decir que no ha contado con cierta ayuda en un momento determinado? Pero, en fin... ¿Qué puedo hacer yo en una biblioteca municipal a la que no acude nadie? Uno se cansa... A mi edad, a uno ya le faltan las fuerzas. 

JACINI. — Una iniciativa tan hermosa como la del señor Normandi se aparta de los negocios editoriales a gran escala, que se someten a imperativos...

NORMANDI. — Comerciales. Ya lo sé, lo sé muy bien. Lo que yo hago es una audacia.

MOMBELLI.— Incluso  a sabiendas de que no se va a conseguir nada, debe intentarse.

NORMANDI. — ¡No! Eso no. Yo tengo fe. ¿Por qué no? Yo tengo mis convicciones, ¿comprende?, y no renuncio a ellas fácilmente. (Pausa. Con entusiasmo.) Yo pienso en Álvaro, cuando sea un gran escritor..., una gran figura... ¡Yo pensaré...! ¡Una obra mía! Aunque mi dinero sólo sea para uno, para descubrir a un gran escritor. Yo pienso que vender libros no es como vender pavos, o botijos. No... Los libros están hechos de la misma materia que las almas. Tienen sus ideas, sus sentimientos... Yo creo en los libros como en mis hijos. 

*   *   *   *   *

El librero de la imagen es ya viejo, pero quiere parecer moderno en sus ideas, que por lo más son bastante siniestras, y perjudiciales, muy perjudiciales para los autores. 

Álvaro, aquel escritor en el que confiaba Normandi, y que por causas ajenas a la voluntad de ambos no llegó a destacar en su oficio, pasa ahora, de vez en cuando, por la puerta de la librería del actual librero-editor. Álvaro, hasta ahora, ha tenido la suerte de encontrarla siempre cerrada. 


FJPS


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